Antes de ser destino, el Andévalo fue camino.
Camino de mineros, de ganaderos y de pueblos forjados por un paisaje indómito, entre dehesas, cerros, antiguas minas y largas distancias. Una tierra marcada por el esfuerzo y la relación profunda entre las personas y su entorno. Esa historia sigue latiendo hoy en cada camino y en cada sendero.
No es casualidad que pruebas como La Leyenda de Tartessos, el Desafío Andévalo o las carreras de trail del entorno del Guadiana sigan las huellas antiguas que acompañan al cauce del río.
Aquí, el esfuerzo tiene memoria.
Cada subida cuenta una historia.
Cada kilómetro es identidad y verdad.
El Andévalo no se corre para ganar.
Se corre para sentirlo.



